SÁBADO IV SEMANA DE CUARESMA
FeriaMoradoIv semana de cuaresmaCiclo A / II
Liturgia de la Palabra
Primera Lectura
segundo libro de los Reyes 4, 18b-21. 32-37El Señor me instruyó, y comprendí, me explicó lo que hacían. Yo, como cordero manso, llevado al matadero, no sabía los planes homicidas que contra mí planeaban: «Talemos el árbol en su lozanía, arranquémoslo de la tierra vital, que su nombre no se pronuncie más.» Pero tú, Señor de los ejércitos, juzgas rectamente, pruebas las entrañas y el corazón; veré mi venganza contra ellos, porque a ti he encomendado mi causa. Un día, el hijo de la sunamita fue adonde su padre, que estaba con los segadores, y dijo: —«¡Me duele la cabeza!»!» Su padre dijo a un criado: —«Llévalo a su madre.» El criado lo cogió y se lo llevó a su madre. Ella lo tuvo en sus rodillas hasta el mediodía, y el niño murió. Lo subió y lo acostó en la cama del profeta. Cerró la puerta y salió. Eliseo entró en la casa y encontró al niño muerto tendido en la cama. Entró, cerró la puerta y oró al Señor. Luego subió a la cama y se echó sobre el niño, boca con boca, ojos con ojos, manos con manos, encogido sobre él; la carne del niño fue entrando en calor. Entonces Eliseo se puso a pasear por la habitación, de acá para allá; subió de nuevo a la cama y se encogió sobre el niño, y así hasta siete veces; el niño estornudó y abrió los ojos. Eliseo llamó entonces a Guejazi y le dijo: —«Llama a la sunamita.» La llamó, y cuando llegó le dijo Eliseo: —«Toma a tu hijo.» Ella entró y se arrojó a sus pies, postrada en tierra. Luego cogió a su hijo y salió.
Salmo Responsorial
Sal 16, 1. 6-7. 8b y 15 (R/.: 15b)R. R/. Señor, Dios mío, a ti me acojo.
Señor, Dios mío, a ti me acojo, líbrame de mis perseguidores y sálvame, que no me atrapen como leones y me desgarren sin remedio. R/. Júzgame, Señor, según mi justicia, según la inocencia que ay en mí. Cese la maldad de los culpables, y apoya tú al inocente, tú que sondeas el corazón y las entrañas, tú? el Dios justo. R/. Mi escudo es Dios, que salva a los rectos de corazón. Dios es un juez justo, Dios amenaza cada día. R/. Versículo antes del evangelio Jn 3, 16 Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único; todos los que creen en él tienen vida eterna. R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor. Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. R/. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío; inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha. R/. A la sombra de tus alas escóndeme. Yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. R/. Versículo antes del evangelio Jn 11, 25a. 26 Yo soy la resurrección y la vida —dice el Señor—; el que cree en mí no morirá para siempre.
Aclamación al Evangelio
Cf.Aleluya, aleluya.
Evangelio
Jn 11, 1-45En aquel tiempo, algunos de entre la gente, que hablan oído los discursos de Jesús, decían: —«Éste es de verdad el profeta.» Otros decían: —«Este es el Mesías.» Pero otros decían: —«¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá del linaje de David, y de Belén, el pueblo de David?» Y así surgió entre la gente una discordia por su causa. Algunos querían prenderlo, pero nadie le puso la mano encima. Los guardias del templo acudieron a los sumos sacerdotes y fariseos, y éstos les dijeron: —«¿Por qué no lo habéis traído?» Los guardias respondieron: —«Jamás ha hablado nadie como ese hombre.» Los fariseos les replicaron: —«¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos.» Nicodemo, el que había ido en otro tiempo a visitarlo y que era fariseo, les dijo: —«¿Acaso nuestra ley permite juzgar a nadie sin escucharlo primero y averiguar lo que ha hecho?» Ellos le replicaron: —«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas.» Y se volvieron cada uno a su casa. En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo: —«Señor, tu amigo está enfermo.» Jesús, al oírlo, dijo: —«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.» Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos: —«Vamos otra vez a Judea.» Los discípulos le replican: —«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí?» Jesús contestó: —«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.» Dicho esto, añadió: —«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.» Entonces le dijeron sus discípulos: —«Señor, si duerme, se salvará.» Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: —«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.» Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: —«Vamos también nosotros y muramos con él.» Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús: —«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo: —«Tu hermano resucitara.» Marta respondió: —«Sé que resucitará en la resurrección del último día.» Jesús le dice: —«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: —«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.» Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: -«El Maestro está ahí y te llama.» Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: —«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.» Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó: —«¿Dónde lo habéis enterrado?» Le contestaron: —«Señor, ven a verlo.» Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: —«¡Cómo lo quería!» Pero algunos dijeron: —«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?» Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa. Dice Jesús: —«Quitad la losa.» Marta, la hermana del muerto, le dice: —«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.» Jesús le dice: —«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?» Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: —«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente: —«Lázaro, ven afuera.» El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: —«Desatadlo y dejadlo andar.» Y muchos judíos que hablan venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.
Elogio del Martirologio
Jer 11, 18-20. Yo, como manso cordero, era llevado al matadero. 7. R. Señor, Dios mío, a ti me acojo. Jn 7, 40-53. ¿Es que de Galilea va a venir el Mesías? Tránsito de san Benito, abad (F).
Indicaciones de la Misa
- Tipo
- Feria
- Color
- Morado
Notas pastorales y Oficio Divino
Oficio Divino
de feria.