SÁBADO III SEMANA DE CUARESMA
FeriaMoradoIii semana de cuaresmaCiclo A / II
Liturgia de la Palabra
Primera Lectura
profecía de Miqueas 7, 7-9Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él. Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra. —«¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca. Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.» Yo miro atento al Señor, espero en Dios, mi salvador; mi Dios me escuchara. No te alegres, enemiga, de mi desgracia: si caí, me alzaré; si me siento en tinieblas, el Señor es mi luz. Soportaré la ira del Señor, pues pequé contra él, en tanto juzga mi causa y me hace justicia; me conducirá a la luz, y veré su justicia.
Salmo Responsorial
Sal 26, 1. 7-8a. 8b-9abc. 13-14 (R/.: 1a)R. R. Quiero misericordia, y no sacrificios.
Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R. Los sacrificios no te satisfacen: si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado; un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R. Señor, por tu bondad, favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos. R/. Versículo antes del evangelio Sal 94, 8ab No endurezcáis hoy vuestro corazón; escuchad la voz del Señor. R/. El Señor es mi luz y mi salvación. El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? R/. Escúchame, Señor, que te llamo; ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: «Buscad mi rostro.» R/. Tu rostro buscare, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tu eres mi auxilio; no me deseches. R/. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor. R/. Versículo antes del evangelio Jn 8, 12b Yo soy la luz del mundo —dice el Señor—; el que me sigue tendrá la luz de la vida.
Aclamación al Evangelio
Cf.Aleluya, aleluya.
Evangelio
Jn 9, 1-41En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: —«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo." El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador." Os digo que este bajo a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.» En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: —«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?» Jesús contestó: —«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.» Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: —«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).» Él fue, se lavo, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: —«¿No es ése el que se sentaba a pedir?» Unos decían: —«El mismo.» Otros decían: —«No es él, pero se le parece.» Él respondía: —«Soy yo.» Y le preguntaban: —«¿Y cómo se te han abierto los ojos?» Él contestó: —«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver.» Le preguntaron: —«¿Dónde está él?» Contestó: —«No sé.» Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: —«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.» Algunos de los fariseos comentaban: —«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban: —«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?» Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: —«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?» Él contestó: —«Que es un profeta.» Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron: —«¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?» Sus padres contestaron: —«Sabemos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse.» Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.» Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron: —«Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador.» Contestó él: —«Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo: —«¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?» Les contestó: —«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?» Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: —«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.» Replicó él: —«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.» Le replicaron: —«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: —«Crees tú en el Hijo del hombre?» Él contestó: —«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?» Jesús le dijo: —«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.» Él dijo: —«Creo, Señor.» Y se postró ante él. Jesús añadió: —«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.» Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: —«¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: —«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste.»